ÉTICA Y VALORES
la urbanidad moldea mi comportamiento
ACTIVIDAD:
1. Completa cada oración con una palabra magica de cortesía
a. Cuando llego a un lugar siempre debo _____________
b. cuando necesito algo digo _______________
c. cuando alguien me hace un favor siempre le doy las ____________
d. cuando necesito que alguien me de un espacio le pido que me de _________
e. cuando salgo de algún lugar siempre me ____________
cátedra de paz: SARA LA COJA
1 ¿Por qué Sara era coja?
2¿Qué problema tenía en el colegio?
3¿Ella estaba acomplejada por ser coja?
4¿Qué regalo quiso hacer a los niños en el día de su cumpleaños?
5¿Cuál era la historia de Sara?
Sara era coja de nacimiento. Hacía un año que había llegado al pueblo para vivir con su nueva familia. Ella estaba muy contenta y muy feliz, aunque algunas noches tenía pesadillas, pero nada que su nueva mamá no pudiera solucionar con sus abrazos y nanas.
Sin embargo, en el colegio los niños le habían vacío o se metían con ella. Nunca la llamaban por su nombre, sino que utilizaban su discapacidad para insultarla. Incluso, le coreaban una canción titulada ‘La Coja’. Sara procuraba no hacerles caso y disfrutaba del patio leyendo y aprendiendo cosas de otras culturas.
Los nuevos padres de Sara se habían planteado operarla para eliminar la cojera con el fin de que no tuviera que aguantar las burlas de los demás. Pero Sara se negaba. Estaba muy orgullosa del balanceo que su cuerpo tenía cuando andaba. Para ella ser coja era importante.
En una semana Sara celebraría su cumpleaños. Eran pocos los niños que iban a acudir a su fiesta y no porque ellos quisieran, sino porque sus padres les obligaban por su amistad con la familia de Sara.
Cuando llegó el día había caras tristes, excepto la de Sara. Tras disfrutar de los payasos, de la merienda y de la tarta llegaron los regalos. Sara quiso adelantarse y pidió permiso para hacer ella un regalo a todos los niños que habían asistido a su cumpleaños antes de abrir ella sus paquetes. Sus nuevos padres, extrañados, la animaron a continuar.
Fue entonces cuando Sara quiso regalar a los niños su historia. Comenzó contando que antes vivían en un bonito país llamado Siria. Que tenía muchos amigos y siempre estaban jugando en la calle. Recordó el nombre de todos éstos y el de sus numerosos hermanos. Les explicó lo feliz que era allí.
Pero un día empezaron a estallar bombas y todos se prepararon para dejar sus casas en busca de una tierra en paz y que les acogiera. Como ella era coja, un camión de la Cruz Roja la recogió un viernes por la tarde para que no tuviera que andar tanto. Su familia y vecinos la seguirían en la mañana siguiente. Sin embargo, nuevas bombas cayeron esa noche en el barrio y Sara nunca más supo de ellos.
Sara sabía que su cojera le había salvado la vida y con cada balanceo de su cuerpo recordaba a sus hermanos y viejos amigos, así como todo lo que suponía su antigua tierra. Ser coja para ella siempre sería importante.
Desde ese día ningún niño volvió a llamarla coja ni a hacerle vacío. Todos se disculparon con ella y aprendieron que ser diferente no solo no es malo sino que puede enriquecernos a todos.